martes, 8 de diciembre de 2015

Caminante no hay camino, se hace camino al andar


Perdida en la inmensidad de la nada. Caminar con un objetivo que era probable, pero no seguro. Durante el trayecto, el camino (VIDA), pueden surgir imprevistos que impidan alcanzar el objetivo. Pero lo realmente importante es INTENTARLO. Lo realmente importante es "caminar", lo importante es aquello que hacemos para alcanzar el objetivo. El problema es que muchas veces nos centramos solo en el objetivo, y no valoramos el proceso, todo lo que nos esforzamos, todo lo que experimentamos, las vivencias y aprendizajes que nos ofrece este "camino". Porque todo camino es escarpado, tiene sus obstáculos y ningún camino es fácil. Y si lo es, la satisfacción final no es tan fuerte, ya que nuestro esfuerzo tampoco nos ha llevado a la auto superación. De todas formas, el grado de esfuerzo para un mismo objetivo varía según la persona, evidentemente. Yo tardaría años en resolver una ecuación que a un matemático o matemática le llevaría horas. Pero las dos nos habremos esforzado, y ahí está lo importante.

Mientras me adentraba en medio de las montañas del Himalaya, la zona del Annapurna, pensaba en todo el camino que me quedaba. Dicen que el trayecto es de unos 8-10 días. Tenía tiempo, así que no me importaba tardar 20. "Sin prisa pero sin pausa", resonaban en mi cabeza estas palabras. La constancia es importante, no debo "matarme", sino escuchar a mi cuerpo, e ir avanzando día a día, hasta donde llegase. Paso a paso, ya sea a un ritmo más lento o más veloz, pero escuchando a mi cuerpo. Dejar que hable; al fin y al cabo, por mucho que mi mente ya quiera estar en el Annapurna Base Camp (mi objetivo), sin mis piernas, pulmones y espalda, nunca hubiera llegado. Entonces hay que intentar el equilibrio de mente-cuerpo, cuerpo-mente, y así intentar equilibrar fuerzas y motivación, sin que ninguna predomine, o, por otro lado, decaiga.

El primer día, después de acabar la etapa subiendo escaleras durante dos horas, pensaba que no podría aguantarlo. En medio de la subida me paraba, miraba para arriba y solamente veía escaleras, escaleras y más escaleras. Nunca odié tanto las escaleras. Incluso tuve ganas de llorar de rabia e impotencia. "Es que nunca llegaré a Urelli?" , "Cuándo terminarán estas malditas escaleras?". Qué decir de mis piernas? Cada gesto, cada movimiento era dolor. Y me encanta. El dolor nos hace sentir vivos. Ahí estaba el resultado del esfuerzo realizado. El esfuerzo físico. Del mental ya es otro tema. No pensé en abandonar porque ya tenía el objetivo en mente, y la ilusión de llegar al Annapurna Base Camp superaba cualquier cosa. Pero después del primer día caminando, ya sabía a qué me exponía, y qué me esperaban los siguientes... 8? 10? 12 días? Lo único que tenía claro era que sólo una lesión, o el mal tiempo me impedirían continuar mi aventura. Ni las agujetas, ni el pensar en escaleras me harían abandonar un sueño que estaba haciendo realidad.

Subir una montaña es como la gran metáfora de la vida. Subida lenta, dura, costosa. Escuchar cada respiración, sentir cada paso. Y ser consciente que ya estoy un paso más cerca de mi objetivo (en este caso lejano). Llegar a la cima (o no) y sentir esa plenitud instantánea y (en este caso) observar la belleza del paisaje que nos ofrece nuestra Madre Naturaleza, la más sabia y completa de todas las madres. La satisfacción de conseguir algo por lo que nos hemos esforzado, hemos sufrido y hemos vivido. La cuestión, creo, es no obsesionarse con la meta, el objetivo. Sino valorar el camino que hemos caminado, el esfuerzo y empeño que hemos puesto para intentar conseguirlo. Hay cumbres que nunca podremos subir hasta la cima, pero lo importante es haberlo intentado. En referencia a nuestras vidas (no al subir montañas), creo que ocurre lo mismo. Escuchemos nuestro interior, cuestionemosnos qué queremos, y hagámoslo, intentémoslo. 

El problema es caer en la desmotivación cuando vemos que algo es "difícil". Debemos ser fuertes de mente y continuar, a nuestro ritmo, pero nunca abandonar el camino, a no ser que haya causas mayores  que ya escapen del equilibrio de nuestro cuerpo-mente. Y con esto hago referencia a todos los ámbitos de nuestras vidas. Intentar, conseguir (o no), seguir, volver a intentar y así sucesivamente. Vivimos en la sociedad de la inmediatez, no valoramos aquello "bien" hecho, sino aquello que YA lo tenemos, lo rápido, ya, ya, ya, ahora! Por eso, también, muchas veces nos frustramos; porque nos proponemos una meta en un tiempo determinado, y al temporalizarlo, impedimos el "disfrutar" el camino para conseguirlo, ya que sólo pensamos en conseguirlo en tanto tiempo, o para tal día. Y, al fin y al cabo, el camino es nuestra vida, y la tenemos que disfrutar, no? 

Caminando avanzamos. Paso firme, paso constante. Como bien dice Antonio Machado: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar". Tradúcelo a tu vida. Camina tu vida. Crea tu camino; paralelo al tiempo, acompasado contigo mismo. Porque es lo que tienes: tu vida. Porque es lo que eres: vida.

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