domingo, 13 de diciembre de 2015

Ángeles y Demonios

Ayer tuve la oportunidad de participar en las actividades en una ONG en Kathmandu. Gracias a una profesora de la Universidad (UVIC) me puse en contacto con una pareja de catalanes (profesores de la UVIC también) que forman parte de diversas ONG's aquí. No dispongo de una larga estancia aquí, por lo tanto es difícil en una semana participar en algún proyecto o ser voluntaria en alguna ONG, básicamente porque buscan personas que dispongan de meses.

No era mi caso, y era consciente de ello, pero por mínimo que fuera tenía ganas de ver la realidad de aquí, de participar aunque fuera mínimamente, y gracias a ellos ayer pude hacerlo. Con un día, unas horas, evidentemente el trabajo, el aprendizaje, no es aquello que podamos definir como "experiencia", aunque sí que me sirvió como un primer acercamiento a una cruda realidad en la que viven diariamente niños y niñas que, por desgracia, no gozan de un techo, comida e higiene diarias, ni de una educación contínua ni de calidad.

El lugar se encuentra a unos tres cuartos-una hora de Thamel o el centro de Kathmandu. Cogimos un mini-bus y llegamos a "Chuchepati". Allí a parte de ciudad, también encontramos un campo lleno de tiendas, las viviendas de estos niños y niñas y sus familias.  Antes de llegar a la escuela ya vinieron a nuestro encuentro. Nos preguntaron de donde eramos. Una niña me toca para que me gire y me dice: "Holaquetalcomoestás?" (me quedé alucinando y pensando: empezamos bien! jaja). Entramos a la escuela (una tienda grande donde había dos pizarras, un mapamundi dibujado por ellos y donde en España (único país del mapamundi donde había algo escrito) ponía "football", unos pocos juegos de mesa, y un poco de material de dibujo y pintura. También había algunos dibujos colgados en unas cuerdas que atravesaban la escuela transversalmente. Pude comprobar que dibujan muy bien.

Empezamos las actividades que habíamos preparado. Les repartimos unas "medallas" de cartulina en blanco, donde tenían que dibujar lo que quisiesen. Posteriormente, salimos de la Escuela y empezamos a hacer las actividades que habíamos planificado, que eran los Juegos Olímpicos Nepalís. No había un número concreto de infantes, sino que iban, venían, era un descontrol. Eso es difícil a la hora de hacer actividades, pero por suerte, habíamos decidido no hacer grupos, sino todos juntos, y eso ayudó a """""disminuir""""" ese descontrol, ya que, por ejemplo en la primera prueba, que era correr alrededor de la escuela, lo hicieron todos a la vez, luego realizamos salto de largada, así que se ponían en fila (evidentemente descontrolada), y uno por uno iban saltando. 

Intentamos apuntar para ver quien "ganaba" (que tampoco era el objetivo), pero en seguida decidimos que no apuntaríamos, "que fluya". Pero al vernos con el papel y el bolígrafo en la mano, se motivaron y empezaron a apuntar. Además el más motivado era el monitor, que en seguida cogió el papel y se puso a tope en la competición.

Durante el transcurso de estas actividades (que habían tres más pero no nos dio tiempo a realizarlas), aproveché para observar a aquellos infantes alejados de la mano de Dios. Aquellos infantes sucios, desaliñados, brutos, violentos, tiritando de frío, con la nariz llena de mocos sin limpiar, vestidos con prendas más pequeñas de las que necesitan. Aquellos infantes alejados de la mano de Dios pero que, detrás de esas miradas infinitas y ausentes, tienen una sonrisa sincera, pura. Porque por suerte, y por desgracia, en su inocencia saben disfrutar de la vida. Quizá ésta no les ha sonreído mucho, pero ellos aprovechan estos momentos lúdicos, estos momentos de paréntesis, para sonreírle, para jugar, para buscar la calidez de la que no disponen durante las 24 horas del día. Momentos en que salen de su rutina, momentos en que desconectan de su cruda realidad. 

También observé el trato que daban la monitora y el monitor de allí. Les trataban bruscamente, les gritaban, e incluso la monitora les pegaba. No había ningún tipo de motivación. Por otro lado, dentro de su propia motivación, el monitor les animaba cuando saltaban. En cambio la monitora hacía lo contrario. Incluso no permitió que una chica saltara ya que "ella no sabe. No puede". Y la niña quería hacerlo. Me revienta que los adultos neguemos capacidades o desmotivemos. Yo le dije que saltara, pero la niña se apartó y se puso a mirar al resto. Luego se acercó a mi y me cogió del brazo. Estaba tiritando de frío. Le pasé mi brazo por el hombro, intentando darle un poco de calor.

Mientras realizábamos las actividades, gente mayor se acercaba a mirar lo que hacíamos. Adolescentes también se acercaron e incluso participaron en la actividad de saltar. Luego se apartaron a jugar a fútbol. La relación entre infantes era intensa. O mucho amor o mucho odio. Se pegaban con intensidad o se abrazaban. Pero salta a la vista que la violencia es el pan de cada día.

Y el frío. DIOS! Yo tenía frío, pero sabía que volvería a mi habitación y tendría una cama caliente. Pensaba en sus noches. Cómo aguantan el invierno? Se los veía que, algunos, tenían frío. Cuando se va el sol, las temperaturas bajan mucho en Kathmandu, y se nota. Y viven en tiendas. Seguramente lo único que tienen son mantas... "Harán fuego?" me pregunté. Espero equivocarme, pero tengo la sensación que estos infantes y sus familias tienen unas noches largas, muy largas... Es horrible, y me desespera no poder hacer nada. Y saber que no son los únicos, que millones de niños en este enfermo planeta viven en estas condiciones o peores... Me destroza. 

Sé que es imposible "arreglar" este gran problema, o problemas. Desnutrición, pobreza, vivir en condiciones insalubres, no recibir educación... Tan sólo, pienso, es un gran paso tener conciencia. Tener conciencia de lo que viven estas personas, y tener conciencia de cómo vivimos nosotros. Simplemente para actuar en nuestro día a día, aunque sea por respeto. No tirar comida, no derrochar agua, no tener la calefacción al máximo e ir por casa en ropa interior. No hace falta dar una ayuda económica, no hace falta desplazarse a un lugar para dar ayuda directa y presencial. Lo mínimo que podemos dar es RESPETO. Podemos hacer mucho desde casa. Pero para eso hace falta conciencia, y es difícil llegar a tenerla cuando vivimos dentro de  una burbuja, fuera del mundo real. En nuestra zona de confort.

Sólo pido una pequeña reflexión. Empatía. Sé que nunca estaréis en un campo de refugiados viviendo en una tienda (o eso espero), pero hagámosnos una pregunta: "Cómo me sentiría yo viviendo en una tienda, compartiendo el espacio con mi familia, sin baño, sin condiciones higiénicas, sufriendo el frío, con la duda de si tendré algo para llevarme a la boca hoy, y abandonada a la vida?".

Pero cerramos los ojos. Nos da PÁNICO empatizar con personas que tienen una vida tan dura. Simplemente estos pequeños ángeles (y demonios), no han tenido la suerte de caer en nuestra nube. Debemos, entonces, olvidarlos? Esta nube fictícia en la que vivimos los del "primer" mundo, se encuentra también en el Planeta Tierra. Y es muy delicada.

Un consejo: CUIDADO.

8



P.D. He extraído la imagen de internet, ya que no realizé ninguna fotografía.

martes, 8 de diciembre de 2015

Caminante no hay camino, se hace camino al andar


Perdida en la inmensidad de la nada. Caminar con un objetivo que era probable, pero no seguro. Durante el trayecto, el camino (VIDA), pueden surgir imprevistos que impidan alcanzar el objetivo. Pero lo realmente importante es INTENTARLO. Lo realmente importante es "caminar", lo importante es aquello que hacemos para alcanzar el objetivo. El problema es que muchas veces nos centramos solo en el objetivo, y no valoramos el proceso, todo lo que nos esforzamos, todo lo que experimentamos, las vivencias y aprendizajes que nos ofrece este "camino". Porque todo camino es escarpado, tiene sus obstáculos y ningún camino es fácil. Y si lo es, la satisfacción final no es tan fuerte, ya que nuestro esfuerzo tampoco nos ha llevado a la auto superación. De todas formas, el grado de esfuerzo para un mismo objetivo varía según la persona, evidentemente. Yo tardaría años en resolver una ecuación que a un matemático o matemática le llevaría horas. Pero las dos nos habremos esforzado, y ahí está lo importante.

Mientras me adentraba en medio de las montañas del Himalaya, la zona del Annapurna, pensaba en todo el camino que me quedaba. Dicen que el trayecto es de unos 8-10 días. Tenía tiempo, así que no me importaba tardar 20. "Sin prisa pero sin pausa", resonaban en mi cabeza estas palabras. La constancia es importante, no debo "matarme", sino escuchar a mi cuerpo, e ir avanzando día a día, hasta donde llegase. Paso a paso, ya sea a un ritmo más lento o más veloz, pero escuchando a mi cuerpo. Dejar que hable; al fin y al cabo, por mucho que mi mente ya quiera estar en el Annapurna Base Camp (mi objetivo), sin mis piernas, pulmones y espalda, nunca hubiera llegado. Entonces hay que intentar el equilibrio de mente-cuerpo, cuerpo-mente, y así intentar equilibrar fuerzas y motivación, sin que ninguna predomine, o, por otro lado, decaiga.

El primer día, después de acabar la etapa subiendo escaleras durante dos horas, pensaba que no podría aguantarlo. En medio de la subida me paraba, miraba para arriba y solamente veía escaleras, escaleras y más escaleras. Nunca odié tanto las escaleras. Incluso tuve ganas de llorar de rabia e impotencia. "Es que nunca llegaré a Urelli?" , "Cuándo terminarán estas malditas escaleras?". Qué decir de mis piernas? Cada gesto, cada movimiento era dolor. Y me encanta. El dolor nos hace sentir vivos. Ahí estaba el resultado del esfuerzo realizado. El esfuerzo físico. Del mental ya es otro tema. No pensé en abandonar porque ya tenía el objetivo en mente, y la ilusión de llegar al Annapurna Base Camp superaba cualquier cosa. Pero después del primer día caminando, ya sabía a qué me exponía, y qué me esperaban los siguientes... 8? 10? 12 días? Lo único que tenía claro era que sólo una lesión, o el mal tiempo me impedirían continuar mi aventura. Ni las agujetas, ni el pensar en escaleras me harían abandonar un sueño que estaba haciendo realidad.

Subir una montaña es como la gran metáfora de la vida. Subida lenta, dura, costosa. Escuchar cada respiración, sentir cada paso. Y ser consciente que ya estoy un paso más cerca de mi objetivo (en este caso lejano). Llegar a la cima (o no) y sentir esa plenitud instantánea y (en este caso) observar la belleza del paisaje que nos ofrece nuestra Madre Naturaleza, la más sabia y completa de todas las madres. La satisfacción de conseguir algo por lo que nos hemos esforzado, hemos sufrido y hemos vivido. La cuestión, creo, es no obsesionarse con la meta, el objetivo. Sino valorar el camino que hemos caminado, el esfuerzo y empeño que hemos puesto para intentar conseguirlo. Hay cumbres que nunca podremos subir hasta la cima, pero lo importante es haberlo intentado. En referencia a nuestras vidas (no al subir montañas), creo que ocurre lo mismo. Escuchemos nuestro interior, cuestionemosnos qué queremos, y hagámoslo, intentémoslo. 

El problema es caer en la desmotivación cuando vemos que algo es "difícil". Debemos ser fuertes de mente y continuar, a nuestro ritmo, pero nunca abandonar el camino, a no ser que haya causas mayores  que ya escapen del equilibrio de nuestro cuerpo-mente. Y con esto hago referencia a todos los ámbitos de nuestras vidas. Intentar, conseguir (o no), seguir, volver a intentar y así sucesivamente. Vivimos en la sociedad de la inmediatez, no valoramos aquello "bien" hecho, sino aquello que YA lo tenemos, lo rápido, ya, ya, ya, ahora! Por eso, también, muchas veces nos frustramos; porque nos proponemos una meta en un tiempo determinado, y al temporalizarlo, impedimos el "disfrutar" el camino para conseguirlo, ya que sólo pensamos en conseguirlo en tanto tiempo, o para tal día. Y, al fin y al cabo, el camino es nuestra vida, y la tenemos que disfrutar, no? 

Caminando avanzamos. Paso firme, paso constante. Como bien dice Antonio Machado: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar". Tradúcelo a tu vida. Camina tu vida. Crea tu camino; paralelo al tiempo, acompasado contigo mismo. Porque es lo que tienes: tu vida. Porque es lo que eres: vida.

8

jueves, 19 de noviembre de 2015

Donde fueres haz lo que vieres

Viajar me hace sentir libre. Capaz. Esa adrenalina de no saber cuál será el siguiente paso y constantemente reencontrarme con lo desconocido. Es increíble lo que proporciona viajar. Conoces gente constantemente, y es increíble la de personas interesantes que te puedes encontrar por el camino. Personas que llevan meses viajando, que han recorrido medio mundo, que tienen una manera de pensar BRUTAL, con la mente abierta y pocas ambiciones materiales. Personas admirables, y de las que se puede aprender mucho.

Al viajar te introduces en mundos y culturas diferentes a la nuestra. Con costumbres diversas, e incluso a veces chocantes. Entonces, el viajero o viajera tiene que seguir la siguiente frase: "Donde fueres haz lo que vieres". Porque así es, no se puede ir por el mundo con las propias costumbres o creencias, sino adaptarse, aprender.
Esta sencilla frase se me pasa a menudo por la cabeza, sobretodo cuando tengo algún papel o alguna cosa para tirar a la basura y no encuentro dónde tirarlo. Pienso: "qué hacen ellos?". Pero claro, lo que hacen ellos es tirar la mierda al suelo, por la ventana del tren, coche, etc.

Ahora mismo estoy en el tren y me acabo de beber un chai. Necesito tirar el vaso, y al no tener dónde, busco en mi mochila una bolsa de plástico y meto el vaso y mi basura dentro. Delante mío dos mujeres empiezan a reír, y por sus miradas sospecho que se ríen de mí. Por no tirar mi vaso de chai por la ventana. Así pues, me pregunto si en este caso es adecuado seguir la frase "Donde fueres haz lo que vieres", ya que yo no quiero tirar mi basura por la ventana del tren, o al suelo. Es nuestro planeta. El suelo donde tiramos toda nuestra mierda es el suelo que nos aguanta, nos mantiene. Los bosques nos proporcionan oxígeno. Estamos destruyendo nuestro hogar por falta de conciencia. Y me sorprende muchísimo, y pienso que encima India, con los millones de habitantes que hay, sin conciencia ecológica y cada día produciendo enormes cantidades de basura... No quiero imaginarlo. Cuánto más nos aguantará el Planeta Tierra?

Realmente es impactante la poca conciencia medioambiental que hay (si la hay). No entienden que busques una basura, te dicen que lo tires al suelo y encima te lo dicen con total naturalidad. Es ALUCINANTE.

Otro caso que me encontré, también en el tren y con la misma situación. Me bebí un chai y dejé el vaso de cartón en la mesa. Un chico me hizo gestos de que lo tirara por la ventana. Negué con la cabeza. Me preguntó por qué. Le dije que teníamos que cuidar la naturaleza y el medio ambiente. Su respuesta fue una mueca de sorpresa e indiferencia con la cara. Yo FLIPÉ.

Por otro lado, pienso, por poco que hagamos, se va sumando. Conocimos a unos chicos también en un viaje en tren. Nos dijeron que de nosotras habían aprendido algo, y era que no se tenía que tirar la basura a la calle, y que ya no lo harían más. Esto también me impactó, pero realmente me encanta que así sea y que se hayan dado cuenta de lo que comporta no cuidar  el medio ambiente. Así que, en principio, 4 o 5 indios menos tirarán la basura a la calle. Parece que no, pero la cantidad de basura que generamos por persona, y más en éstos países, es enorme. Así que, si siguen lo que nos dijeron, se habrán reducido 4 o 5 enormidades de basura.
"De mica en mica s'omple la pica". A seguir enseñando, y a seguir aprendiendo. Siempre con conciencia.



8

martes, 27 de octubre de 2015

Si quiero ir a la moda necesito una pistola

Varias veces he intentado ponerme a escribir. El problema es que durante el día, en muchos instantes, empiezo a pensar en cosas diferentes según lo que estoy viviendo. Y pienso: voy a escribirlo. Evidentemente, ese momento ya pasó. Cuando voy a escribir ya he olvidado todo pensamiento previo. En parte me da rabia, porque me gustaría plasmar lo que me pasa por la mente en X momentos o en X situaciones.

Durante estos días en Delhi he pensado y me he preguntado sobre la confianza. Confianza quizá no es la palabra. Quizá es el cómo vemos a los demás y cómo nos ven los demás a nosotros. Haciendo ahínco en la relación entre las personas turistas y autóctonas de cada lugar, en Delhi me dio la sensación que somos, los turistas, carne de cañón. En una medida extrema. DEMASIADO. Intentan exprimir al turista, de la manera que sea, sin piedad, sin verlo como un ser humano, sino como una esponja, hay que extraer lo máximo, es un billete andante. Realmente me entristece ver lo que vi en Delhi. Personas amables que te ven perdida y te quieren ayudar, te preguntan qué necesitas, tan amablemente que es inevitable pararse a explicar tu necesidad. En seguida te intentan atraer para intereses propios, y si no es así, para intereses de la mafia, porque tienen una puta mafia montada que desquicia.

Realmente me sentí, a parte de estúpida e indignada, dolida, sorprendida y decepcionada. Sin ganas de volver a Delhi. Es agotador. Constantemente se te acercan personas con palabras y sermones con un solo objetivo: sacarte todo lo que puedan y como puedan. No saben lo que es el respeto o la piedad. Me avergüenza tener que utilizar estas palabras en esta situación o contexto.

Solamente de pensar en volver a Delhi se me van todas las ganas. Es agotador tanto físicamente como psicológicamente. No hay momento de descanso, constante tensión, estar alerta de cualquier palabra, indicación, comentario. Saberlos atajar a tiempo, de la mejor manera, saber decir NO, pensar a la vez que escuchas la información (falsa) que te están transmitiendo y hacer frente a esa situación. Es terrible. Agotador.
Es terrible no poder confiar en nadie. Es terrible encontrarte en una ciudad donde no conoces nada, no conoces a nadie, necesitas comprar unos simples billetes de tren y conseguirlo es una odisea. En Delhi no puedes preguntar, no puedes dudar. En Delhi tienes que disimular y hacer ver que lo sabes todo, que conoces todo, que no necesitas ayuda. Para sobrevivir en Delhi tienes que ser una super heroína o un super héroe. E ir con preparación previa. Aunque realmente hasta que no te encuentras en la situación, hasta que no lo vives, puedes saber mucho de la teoría, que a la práctica te acaban estafando igual, ya sea vendiéndote un tour, o ya sea haciéndose pasar por revisores de billetes fuera de la estación (con carné falso) donde te mandan a una Agencia de turismo falsa, y de donde sacan comisión, evidentemente. Patético. Decepcionante.

Entiendo que el turismo es una gran fuente de ingresos, pero por otro lado, al turismo hay que cuidarlo también. Yo ahora mismo, y por desgracia, tengo una muy mala imagen de Delhi, y nunca recomendaría llegar a Delhi como primer destino de la India. Antes recomendaría llegar a Calcuta o Bombay, donde seguramente el impacto no deja indiferente a nadie, pero al menos las estafas (en Bombay no lo sé) no son tan descaradas como en Delhi. Por suerte el resto de la India (lo poco que he podido conocer del norte, y que me lleva a pensar que puedo hacer referencia a la India en general),  no es así. Sí que, evidentemente como turista que te ven, te intentan cobrar más por ejemplo por la ropa y transporte, pero si ven que sabes de qué va el tema, ceden, es otro rollo más de regateo de precios, de juego. No de estafa sin juego, con la intención de destruir al prójimo. Bueno, no destruirlo. Dejarlo lo más pelado posible. Delhi para mí ha sido otro mundo, una decepción respecto al ser humano. Hasta dónde somos capaces de llegar para conseguir más dinero? Creo que no hay límite. Somos patéticos.

Viajas a otro país con intención de conocer lugares nuevos, personas, cultura... y qué pasa? Sólo les interesa tu puto dinero. No quiero generalizar, evidentemente, pero es la sensación que tengo en general aquí. Nadie te ayuda a cambio de nada; o personas contadas (y alguna puedo contar). Pero la tónica es dar siempre para recibir. Diría que "espero que solo sea con los y las turistas", pero entraría en contradicción con mis ideales. Somos todos iguales, seamos turistas o autóctonos. Lo único que nos diferencia es nuestro rol, nuestro papel, en cada situación, lugar y momento. De ser humano a ser humano, deberíamos dar, ayudar, sin esperar algo a cambio. El "algo a cambio" tendría que ser la propia satisfacción de haber podido ayudar a el prójimo, de haber sido útil para un bien ajeno. Eso tendría que ser el "cambio" que buscamos. Pero no, siempre está  ahí el maldito dinero, el maldito materialismo para romper esta harmonía entre los seres humanos. Para deshumanizarnos y convertirse en el mayor poder.


El mayor poder tendrían que ser la solidaridad, la bondad, la empatía. Llenarnos del bien ajeno, el cual podemos contribuir a crearlo, a fortalecerlo.

Os animo a intentarlo ;)

8

sábado, 10 de octubre de 2015

Bodh Gaya, ciudad donde el príncipe Siddharta se inspiró y habría de convertirse en Buda.
10/10/2015.

Veníamos desde Calcuta y nos hemos dormido. Así que nos hemos parado en la primera parada y hemos cogido el primer tren en dirección contraria. Aún me cuesta asimilar, o mejor dicho intentar hacerme la idea, de la cantidad de personas que estábamos en el tren (la mayoría hombres). Y los que subían (no sé cómo) parada tras parada. Realmente ha sido muy agobiante. Al principio nos lo tomamos a risa, todos nos miraban, hacían comentarios y se reían. Nosotras también reíamos, no para acompañarles, sino por la situación en si. Después de un rato ya más de una hora de pie, rodeadas de indios, calor, todos apretujados y las mochilas de un lado para otro... la cosa ya no era tan divertida. Sólo pensábamos en llegar al alojamiento y descansar.

Una vez alojadas, duchadas y descansadas, hemos ido a comer y a dar un pequeño paseo por Bodh Gaya, para situarnos un poco. Realmente me ha animado muchísimo. No sé si el ambiente más calmado y natural, o el hecho de volver a sentir a infantes cerca. Durante nuestro paseo por Bodh Gaya, nos hemos adentrado un poco en el pueblo, y eran como las seis de la tarde, así que había ambientillo por la calle. A parte de muchas vacas, también había muchísimas niñas y niños, cada cual más amigable. "Hello" nos decían, con una sonrisa PRECIOSA. Nos miraban, nos seguían, nos saludaban. Jugando, yendo en bici, riendo... Me he animado. Hacía muchos días que no estaba en contacto con este sector de población: niñas y niños. Supongo que hasta ahora no he sido consciente de lo que me transmiten. Verles sonreír, ver su naturalidad,  su miedo y a la vez curiosidad por aquello nuevo, su observación detallada de todas las cosas, su simplicidad, su pureza. Quizá suena a tontería, pero me ha dado energía pasear por estas humildes calles y establecer estas momentáneas relaciones con estas pequeñas, y tan grandes personitas. Debo reconocer que durante el camino de vuelta me ha entrado mucha nostalgia de Guatemala, de mis niñas y niños del Cau, de estar en un casal, o simplemente de estar con estas personas que tanto me enseñan y me aportan. Supongo que las y los necesito más de lo que soy consciente. El poder de una sonrisa... y la energía que puede llegar a transmitir la sonrisa pura de un niño o una niña. Es increíble, y aún me cuesta creer que una cosa tan simple me haya animado tanto. Al final se refuerza eso que dicen que lo importante está en los pequeños gestos, en las pequeñas cosas.

A  veces pienso que el potencial humano se encuentra en los primeros años de edad, y que a medida que nos hacemos mayores y que maduramos (?) el mundo, el contexto, los ideales, la vida... nos corrompe. Esa pureza con la que nacemos se va desvaneciendo con el paso de los años. Quizá el conocimiento del funcionamiento del mundo hace que queramos formar parte de él (sin pararnos a pensar que ya formamos parte de él y que no debemos cambiar quien somos por eso), pero somos tan débiles (o fuertes) que aspiramos a esa generalidad, normalidad, o como sea, perdiendo la pureza de nuestro ser. Eso es madurar? Perdernos en nuestra no-esencia?

Disculpad, pero espero no madurar nunca. Seré siempre una niña alocada y risueña, de esas a las que no le importa decir una broma que a nadie le haga gracia, o que la miren como diciendo: "Madura ya, por favor". Para qué tanta prisa en que maduremos? La vida ya nos hará crecer, pero si maduramos mucho nos caemos, así que prefiero estar verde durante mucho tiempo, y que mi madurez sea directamente mi caída, o que me arranquen verde. Pero no quiero arrugarme y volverme dulce por dentro, para caer y que me coman los bichos. 

Quiero reír y hacer reír, aprender y enseñar aprendiendo de los demás. Llorar, aprender de la tristeza, y volver a sonreír. Porque siempre, por muy oscuro que esté todo, queda una estrella en la oscuridad. Podemos ayudarla a brillar más, o podemos colocarnos a su lado, darle la mano, y brillar las dos; intentando ayudar a que cada ser extraiga de si mismo la luz, haciendo que nos acompañen, y así crear un pequeño (pero infinito) universo. Pero sobretodo quiero aprender de mis mejores maestras y maestros: los infantes. Quiero que me enseñen a ser pura, me ayudan a no apagar mi fuego interior, porque ellas y ellos la avivan a cada momento que comparten conmigo. Hoy me he dado cuenta de cuánto les hecho de menos. 

Gracias, niñas y niños de Bodh Gaya por recordarme el valor de una sonrisa (sin connotar valor en medida monetaria). Gracias por reavivar mi fuego interno, y por hacerme sentir, por unos minutos, una nostalgia enorme de momentos de mi vida con niñas y niños.

Es increíble todo lo que proporcionan unas sonrisas! Una derivada mental como esta que acabo de escribir.

Eso sí, nada de lo que he escrito lo he maquillado. 
Así lo siento, así lo vivo. 



8

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Sólo sé que no sé nada

Una vez volviendo a poner los pies en el suelo nos damos cuenta que no somos super héroes del conocimiento, sino más bien expertos y expertas de la ignorancia. El mundo es inmenso, complicado, real. Una vez pones los pies en la realidad, te das cuenta de tus errores, tus prejuicios, tus expectativas que, si bien no difieren de la realidad, se alejan mucho de ella por nuestro propio desconocimiento e ignorancia. Somos seres inexpertos, que sólo conocemos aquello que hemos vivido, aquello que hemos visto. Y lo peor es que lo consideramos como cierto, real. Por esto creo que es interesante tener la mente abierta a nuevas posibilidades, objetivos, vivencias, realidades. Es difícil cuando reducimos "EL MUNDO" a "nuestro mundo". Es difícil cuando " la realidad" la reducimos a " nuestra realidad ". La realidad es una, percibida por las personas de manera subjetiva y por tanto errónea. Como "sujetos" que somos, es imposible llegar a percibir la realidad de manera objetiva, pero por eso considero interesante el intentar conseguir una visión (que no deja nunca de ser subjetiva) más compleja o más libre de la que tenemos. Es interesante dejar respirar un poco al sujeto. El ego nos presiona constantemente. Dejémosle "hablando" sólo. Si todo se basa en él, qué queda para nosotros y nosotras mismas?

Entonces el mundo tiene tantas realidades como personas? Sí, y no. No sé si hay más de una realidad, o si solamente hay una y ésta va vestida (o a veces disfrazada) de circunstancias. Entonces esta realidad pierde su sentido de "real"? O lo gana en su infinidad? Marca el contexto donde se desarrolla esta realidad y marca como vives tu tanto la realidad, como tu propia realidad. Y hablamos solamente de una realidad. Tu realidad (la otra) está completamente atada a la persona como ser, al contexto y situación en que ésta se desarrolla, y a cómo vive esa persona su propia realidad, su vida.

Me pregunto qué percepción, qué pensamiento tiene sobre su vida y sobre sí mismo un niño de bien (digamos que vive con todos sus derechos) o un niño que vive en la calle, o no hace falta eso, sino un niño que, por desgracia no puede vivir con esos derechos que todo menor debería tener. Me gustaría, por un momento, poderme meter en ambas mentes para ver cómo viven su propia realidad, su vida. Más que cómo lo viven, qué piensan, cuales son sus pensamientos, sus reflexiones, su visión; de si mismos y de sus vidas. O de una niña que tiene la libertad de decidir qué hará con su vida, o, por otro lado, el de una niña a la que su cultura, su familia, le cortan esta libertad y deciden su vida, empezando por con quién la compartirá, y de quién será esclava sumisa toda su vida. Y así podría pasarme la noche entera buscando infinitos casos diferentes. Porque la realidad, aún y su esencia, está fuertemente condicionada por las vidas, acciones y sentimientos del ser humano. Porque el ser humano crea su vida según la realidad  en la que nace, se encuentra, vive. La realidad que "conoce". Pero pienso que debemos buscar, en lo posible, qué desconocemos, entrar en el mundo de la ignorancia, porque es inmenso y del cual podemos aprender mucho.

Porque la ignorancia es infinita, y el conocimiento ínfimo, pasajero. Es mejor no saber y aprender, que no vivir en una realidad (la nuestra) donde CREEMOS que lo sabemos todo sobre todo. Todo? En la nada está el todo, y aunque nunca lo encontraremos, la búsqueda es emocionante, y lo más importante: va llenando el vacío. El vacío de nuestro ego engañado por nuestro ser para sentirse pleno. Seamos sinceras y sinceros. Busquemos en nuestra ignorancia el aprendizaje, no la sabiduría. "La avaricia rompe el saco", dicen. Es importante, como dijo Sócrates, "saber que no sé nada". Personalmente, pienso que ahí se puede empezar un largo camino. Aprender, luego caer. Es el peso del -ya no tan- vacío.

8

lunes, 28 de septiembre de 2015

Que el miedo no sea tu límite, sino tu MOTIVACIÓN

Pensaba entregar este escrito en privado directamente a las personas a las que va destinada. Pero no sé, espero que no se ofendan por haberlo hecho público, pero pienso que es interesante que la gente sepa quién son, y lo inmensos que son. Gracias.

Querida mamá, querido papá, negrita,

Quiero escribirles cuatro palabras antes de empezar (o continuar) mi viaje, mi vida, lejos de casa. Pienso que las oportunidades hay que agarrarlas, o dicho de otra manera, no dejar que los trenes que pueden parar en nuestra parada no lo hagan por miedo. La necesidad que paren y poder agarrar los máximos posibles es superior al miedo de subir al tren sin destino, sino que es el enlace a otros trenes que me llevarán más lejos (espero). Eso no lo sé. Y nunca lo sabré, espero. Eso significará que los trenes continúan, que el camino continúa. Que aunque nunca llegue a saber nada del cierto o real, lo que sí que haré es aprender. Y ese es el camino que me motiva, que me empuja, el de aprender. Y para aprender debemos movernos en diferentes universos, desconocidos, nuevos, vírgenes. Pero estrellados dentro de su oscuridad. Un universo infinito, rico en su infinidad. Lleno de vacíos por llenar.

Sé que es típico y tópico, pero la intención de este escrito es dar gracias. Y no, realmente no encuentro las palabras para comunicar este agradecimiento. Busco dentro de mí cómo expresarlo, y es como el camino de los trenes. Un sentimiento lleva a otro, que lleva a otro, y así sucesivamente, en la búsqueda de la manera de decir GRACIAS, GRACIAS a ustedes, que me han permitido sentir este sentimiento infinito: gratitud a los seres que más quiero en este universo (y en todos los otros, que, parece ironía, son infinitos, también). Como mi amor por ustedes, no solo gratitud. Pero acaban confluyendo, así que volvemos a llegar al infinito. Al infinito de sentimientos que yo siento por ustedes.

Quiero que sepan que estoy cumpliendo mi sueño. Estoy cumpliendo mi vida. Porque la vida es un sueño. Hay que soñarlo, hay que vivirlo. Sé que algún día, en teoría, tendré que volver a la realidad: Vivir, y luego soñar. La cuestión es que yo he decidido vivir mi sueño. Y en este camino estoy aprendiendo a soñar, aunque por otro lado nunca sin perder la conciencia de la realidad. Pero intento que esa realidad forme parte del sueño, la convierto, mirándola desde otra perspectiva, que la he aprendido a tener gracias a la realidad. Y así voy, transformando mi sueño en mi sueño.

Y esto es sobre todo gracias a ustedes: A MI FAMILIA. Y a mis amistades. Y a mis enemistades. Y al dolor. Y a la alegría. Y bueno, finalmente al 8. A mi familia.

Pensaba que me extendería más en mis palabras, pero qué es eso? Sólo palabras. Ustedes me dieron mucho más que eso. Aún me queda mucho para devolverles algo tan grande, tan inmenso. Y aunque nunca podré, espero poder dárselo a alguien tan bien como ustedes me lo dan a mí. Cada día, cada momento, cada sentimiento. Mi sueño.

Mi sueño de vivir. Pero sobretodo mi sueño de aprender.

Hasta pronto,


8